28 sep. 2009

Los alegres compadres

Los alegres compadres, acrílico sobre tela, 20 x 80cm


La curiosidad por los vagabundos me la heredó mi padre. También en alguna ocasión mi amigo Ramsés me dijo que los vagabundos por lo general eran personas que habían vivido situaciones emocionales muy complicadas y que no habían logrado superar, y esa conclusión me impactó bastante, así que cuando los veo intento memorizar su rostro y sus pertenencias, por si los vuelvo a ver , reconocerlos.

El cuadro de los alegres compadres no retrata propiamente la vida de los vagabundos de la plaza de España. En la escena habrá alguno de vez en cuando, pero también se reunen ahí viejos, niños, jóvenes, junkies; lo interesante de este parque y que se ubica frente a la iglesia de Santa Eulalia es que en él, conviven de forma pacífica, chistosa, y en ocasiones rayando en lo absurdo, tres generaciones muy interesantes y que nos reflejan como un gran espejo público.

Primero los viejitos típicos de sentarse en la banca, a mirar a la gente, a los muertos que llevan en los ataudes para la misa de cuerpo presente de la iglesia de enfrente, a las novias y novios cuando se casan, o bien que sencillamente se sientan a ver el mundo pasar o darles de comer a la palomas. Esta generación es la que esta a punto de partir y que ostenta la paternidad de la generación de la movida de los 80, la generación del 68 en México o la generación del "no me hallo" Tapatía. Algunos de estos ilustres jóvenes se quedaron enganchados a las nuevas drogas de aquellos tiempos (según dicen promovidas por el gobierno gringo) y después todo siguió su curso hasta llegar a nuestros días y ser los yunkies del pueblo, los porretas o borrachuzas, o bien haber muerto de sobredosis o por consecuencia del VIH. Esta generación ahora decide casi por completo el curso del mundo y son los padres de nosotros.

Es a ellos a quienes dedico este cuadro, a la "quinta" que quedó en el centro del sandwich, a los casualmente comprometidos sin su consentimiento en el destino de este mundo, a los educados a la antigua, a los que le buscaron el camino al rock, al pop , a la heroína, a la mota, al amor y paz. Y que sobrevivieron hasta nuestros días, rehabilitándose o igual que siempre pero felices, a los yunkies de la plaza de España que pudieron dirigir el curso del mundo siendo políticos, o soldados, o escritores, o padres ejemplares pero están ahí pidiendo "un céntimo", "un cigarro", "un pitillo" pero que al final no se meten con nadie, sólo se meten alcohol, se refrescan en pelotas con el agua de la fuente y son felices.

Este señor se sienta por las tardes en las escaleras de caja Madrid y si te le quedas mirando te sonríe y te saluda con un gesto



El que está acostado con la botella, lo pinté así porque era graciosa la escena, pero en la realidad nunca lo he visto tirado de borracho. No hay semana en que no me pida un pitillo, desde luego siempre se lo doy; es muy educado y lo he visto varias veces ayudando a barrer algún patio, cargando cajas de comida para la cocina de Cáritas, es un chico encantador.

El que está de cabeza, es uno que en ocasiones anda sin camisa, caminando muy lentamente y que un día leí en el periódico que los vecinos se quejaban porque se duchaba en la fuente del parque España y las mujeres, niños y viejitos le miraban sus "vergüenzas"

El que está sentado con la botella y la boina roja se llama Benito, fue un marinero y recorrió medio mundo, lo quiere mucho la gente por aquí.



Reunidos como todos los días

Vista general de la Plaza de España



Vi las mejores mentes de mi generación destruidas por la locura, hambrientas histéricas desnudas...

Allen Ginsberg, fragmento de Aullido

1 comentario:

desordenador dijo...

Es un cuadro hermoso, tú me contagiaste a mi la curiosidad/admiración/gusto por los vagabundos.